Werkén: El mensajero Mapuche. Entrevista con Bernardo Oyarzún

Bernardo Oyarzún (Chile, 1963) representará a Chile en la 57 Bienal de Venecia con Werkén, un proyecto comisariado por el curador Ticio Escobar (Paraguay, 1947) que aborda la aparición y el ocultamiento del sujeto mapuche, un tema muy presente y de gran relevancia en la conformación social y cultural de nuestro país. Chile, como muchos otros estados naciones de América, ha destacado por vulnerar los derechos de los primeros habitantes. En 1877 personas indígenas fueron raptadas al viejo mundo para ser exhibidas en los famosos jardines de aclimatación en Paris junto a pieles rojas, la mujer barbuda y elefantes. Hoy en día se les ha llegado a llamar terroristas por el solo hecho de querer existir y habitar en sus propias tierras. Curiosamente, una machi, líder espiritual mapuche, aparece en la moneda de 100 pesos chilenos, como lo hacen los próceres de la patria en los billetes y otras monedas, queda preguntarnos ¿Hasta que punto estos gestos acercan al Estado chileno a una comprensión mayor de la riqueza de sus pueblos originarios?.

Werkén es una palabra del mapudungun que significa mensajero, aquel que lleva consigo la palabra, el Werkén es el portavoz de una comunidad. La obra de Oyarzún nos recuerda un pueblo aplastado y humillado, pero también la fuerza tenaz del único pueblo que no fue derrotado por el poder dominante. A lo largo de la siguiente entrevista, la mirada que propone este artista mapuche, deja de manifiesto que estamos frente a una nación viva. Es por esta razón la obra de Oyarzún cobra un grado de misión y en pleno siglo XXI le nombra a él portador de un mensaje que llegará al viejo mundo apoyado sin duda por los antiguos, para que en el contexto del arte contemporáneo Werkén pueda ser leída como un gesto de denuncia pero también como un gesto de solidaridad con la lucha de todos los pueblos.

 

Vista de la instalación Werkén de Bernardo Oyarzún en la 57a Bienal de Venecia. Foto : Adrián Gutierrez Villanueva

 

Carolina Castro: Vamos a comenzar por lo primero, ¿de qué se trata y como nace el proyecto Werkén?.

Bernardo Oyarzún: Para poder saber de que se trata creo que es importante contarte como comenzó. Ticio Escobar me extendió una invitación para hacer un proyecto específico para el Pabellón chileno en la Bienal de Venecia en torno a “la cuestión Mapuche” como él lo llamó. Después de eso el me manda un extracto curatorial muy bello, y me pone en jaque porque siento que debo responder a esta invitación, entonces empiezo a imaginar una obra. Comencé a buscar imaginarios mapuche con los que yo ya había trabajado, por ejemplo, con la curadora Beatriz Bustos en proyecto Souvenir donde hice unos tótems de colores. En esta búsqueda llegué al kollón o máscaras en mapudungún, que tienen un uso teatral y ceremonial, y le envié a Ticio un boceto. Originalmente yo le había propuesto a él trabajar con los apellidos mapuche, porque para mi eso tiene una connotación muy relevante desde un punto de vista territorial. Pienso que unos de los baluartes del territorio mapuche es la toponimia y la patronímia, no obstante que se borraron muchos, desaparecieron, etc.

Está, por un lado, la figura épica del nombre y el apellido mapuche que aparece en La Araucana, están la infinidad de mártires que hay en la historia del mundo mapuche y el estado de guerra permanente en el que se encuentra con el Estado de Chile, lo que hace que el apellido represente también la parte heroica del mapuche.

La combinación de estas dos cosas, las máscaras y los apellidos, abren una vía de trabajo que se transforma finalmente en Werkén. Ahora, superficialmente y con un poco de ironía, a mi me resultó interesante imaginar estas máscaras Mapuche, arcaicas en relación a la máscara veneciana que representa otra cosa bien diferente.

CC: Entiendo que hay nombres mapuches autóctonos, los que vienen del mapudungún, de los orígenes de la etnia, también están todas las transformaciones que esos apellidos han sufrido, al ser escritos, pronunciados y con el paso del tiempo, pero también el mestizaje que ocurre entre estos apellidos y otros venidos de afuera, producto de la colonia. En tu caso Oyarzún es un apellido huinca, blanco, conquistador…. ¿Cómo es la historia de tu propio apellido?

BO: Si, mi apellido según he ido averiguando en mi historia familiar aparece en mi bisabuela, que era Sánchez Sánchez, lo que me lleva a concluir que puede ser hija de madre soltera, da a luz a mi abuelo que viene a ser Oyarzún, ya sea porque es hijo de un español o colono de apellido Oyarzún o porque el patrón del fundo-terreno donde vivía mi abuela en ese momento le cambió o dio su apellido. Muchos mapuches por presión o por amistad cambiaron sus nombres originarios a nombres extranjeros, de los colonos. También en la primera mitad del S.XX hubo una gran desaparición de apellidos mapuches por instrucción del Estado de Chile, por decreto, y también por marginalidad y racismo. Muchos mapuches terminan cambiando sus apellidos voluntariamente para evitar la violencia racial.

CC: Entonces Werkén tiene una relación biográfica contigo, trabajar con los apellidos tiene una relación con tu historia personal, así como con la historia política de Chile. Además está el diálogo que estos apellidos pueden establecer en relación al kollón. Cuéntame ¿Cuál es la función principal del Kollón, y de que manera opera la presencia de estas piezas en la exposición?

BO: Éstas tienen una función absolutamente teatral. No lo usan para guerrear los mapuches, se usan para hacer representaciones. El kollón se utilizaba en interpretaciones teatrales para representar al español, también en rituales donde la machi (curandera) pone un kollón de piedra durante la ceremonia. Hay algunas danzas donde se utilizan kollones, o donde el sargento que ordena el purrún (la danza ceremonial) está con una lanza y un kollón. El kollón disfraza, de cierto modo, al mapuche para ejercer otra función.

C.C: Tenemos entonces una puesta en escena de la totalidad de apellidos mapuches existentes hoy en día, que suman 6.906, y un conjunto de 1.500 máscaras mapuches. Es inevitable pensar que el cruce de ambos elementos tiene una carga muy política, es una propuesta muy vigente en relación a la situación actual del conflicto mapuche.

BO: Claro que si, es una combinación entre este aspecto del conflicto territorial del pueblo mapuche con el Estado de Chile, y el aspecto épico de cada apellido. Cada uno de estos apellidos es a la vez un Werkén y un weichafe, un mensajero y un guerrero. Tanto a Ticio como a mi nos gustó la idea de llamar este proyecto Werkén, porque este tiene un significado más poético, el werkén o huerquén es el mensajero, es quien recuerda la palabra y la trasmite.

Vista de la instalación Werkén de Bernardo Oyarzún en la 57a Bienal de Venecia. Foto : Adrián Gutierrez Villanueva

 

CC: Tu trabajo ha tenido siempre un gran componente poético y un interés con el lenguaje. Por ejemplo Lengua Izquierda, que hiciste en 2009 durante tu residencia en Stuttgart, Alemania, hace evidente la relación colonial entre el mapuche y el alemán, este último es quien lleva la lengua mapuche a ser escrita, adoptando muchas similitudes conceptuales e imaginarias. Hay una traducción poética muy fuerte, un querer entender, traducir, buscar y habitar el territorio desde el uso del lenguaje. Una cosmología.

BO: Lengua Izquierda es mucho más poético, en Werkén cada apellido crea un imaginario poético pero tiene un sentido político, épico, la palabra en Lengua Izquierda indicaba una manera de nombrar las cosas a todo nivel, de todo orden, en Werkén, los apellidos tienen que ver con una realidad política y también poética. Pero eso se pierde, porque los apellidos, en todas las lenguas, significaba o definían cierta casta, pero eso ya no ocurre. La mayor parte de los apellidos remiten a paisaje, animales, etc. Finalmente la parte simbólica es lo más importante de la obra. Uno puede resumir que Werkén se trata del sujeto mapuche.

CC: Dentro de lo que entiendo del mundo mapuche, hay una situación del mundo indígena y en particular del mapuche, que es que este se entiende colectivamente. Hay una cuestión de comunidad, en que cada situación es decidida abordada entendida colectivamente. Hay una identificación colectiva, el individuo mapuche está vinculado a su comunidad, no está aislado. Desde un punto de vista contemporáneo el individuo está solo, la sociedad lo ha abandonado, en el universo mapuche el individuo existe en comunidad, en relación a.

BO: En las comunidades contemporáneas mapuches hay una gran diversidad, diría que hay tres perfiles, las más fundamentalistas, las híbridas culturalmente y otra que se acomoda y adapta a los nuevos tiempos, son permeables (describir mejor). Pienso en la comunidad de San Juan de la Costa, donde el folclor mapuche se parece al folclor chilote. Se produce una hibridación cultural. En estas categorías están las comunidades mapuches que se han armado en Santiago, que siguen manteniendo sus tradiciones rituales, etc., pero con un acomodo a la ciudad, ya no en el paisaje o el bosque nativo. Siguen en pie gracias a su adaptación cultural.

C.C. ¿En que perfil te sientes tu más cómodo?, pensando en tu filiación mapuche, desde tu infancia ¿Cómo eso ha cambiado? si trazamos una línea hasta el presente, ¿Cuáles son los momentos más representativos de tu vida en relación al mundo Mapuche desde tu familia? rituales, palabras, historias…

BO: Mi caso fue como  el de todas las familias mestizas en Chile. Yo viví en la ignorancia absoluta del tema, la relación mapuche. Con el tiempo me fui dando cuenta de la herencia espontánea del mundo mapuche, sobretodo de los chilotes y huilliches del sur. Yo nací de Puerto Montt a la costa, en Los Muermos, y eso se tradujo en ciertas comidas típicas de la zona, en la medicina, en el mundo campesino que mis padres se traen cuando nos venimos a vivir a Santiago y muchas otras cosas que me fui dando cuenta después. Pero en todo ese tiempo de niñez y hasta que entré a la universidad en mi casa no se hablaba de ese tema, yo llegué a éste por medio del arte. Uno presiente, sabe que hay algo, pero luego por curiosidad llego al origen de mi familia. Yo diría que en mi casa no era tema, pero no que había una negación, o rechazo, pero no se asumía una cultura particular, una pertenencia. En mi casa había desinterés, sin embargo mi mamá hoy en día se ha comenzado a identificar con eso, con un lugar. Creo que esto es algo que ocurre a todos los chilenos, aquí hay una gran tendencia a hablar de los ancestros europeos que uno tiene, pero no de los ancestros indígenas. Los mecanismos que han utilizado los estados a lo largo de toda latinoamérica de invisibilizar el mundo indígena, relegando lo indígena a un plano marginal, al que nadie tiene acceso, por lo tanto no existe, así como no existió en mi familia. Y diría que incluso existe la secreta esperanza de que “esto” va a desaparecer, de que se va a olvidar. La inducción es permanente, en el colegio, en todos lados a identificarse con “lo chileno” y negar este otro mundo cultural. Pero es absurdo, porque toda la cultura popular esta impregnada de “lo indígena”, pero la gente no lo ve. De esta manera la cultura queda en la ignorancia.

Vista de la instalación Werkén de Bernardo Oyarzún en la 57a Bienal de Venecia. Foto : Adrián Gutierrez Villanueva

CC: Esto nos lleva a abordar la realidad que ha vivido y vive actualmente el mundo indígena a lo largo de toda américa latina, las consecuencias de esta negación que ha llevado a muchas culturas a desaparecer. En Chile son pocas las culturas que sobreviven, y que aunque no lo parezca, el porcentaje de mapuche en chile es de : 10% de la población, me refiero gente que se asume mapuche, 500 mil en Santiago y un millón en el sur. Estas cifras muestran que hay una presencia pero también hay una ausencia.

En la propuesta curatorial de Ticio él destaca por un lado la gran presencia del mundo Mapuche en el escenario social y político en Chile, sin embargo utiliza esta visibilidad para hacer notar, en el lado opuesto, la ausencia, el silencio y la fuerza de lo omitido. Las palabras de Ticio me llevan a pensar la gran asimetría que existe entre la circulación de “lo Mapuche” (la superficie) y la comprensión real de ese universo (el fondo).  Me parece que Werkén a través de su propuesta estética, opera en estas dos capas.

Llevar el mundo mapuche a una estetización, el kollón, que oculta algo que nos es desconocido a los otros, y el ejercicio de sacar a la luz los apellidos en representación de un pueblo. El gran conflicto mapuche camuflado detrás de una aparente comprensión del universo mapuche, de su riqueza, me refiero a ciertas decisiones que el gobierno a tomado como por ejemplo poner en hospitales a lo largo de Chile machis que atienden a pacientes. Estos gestos muestran un reconocimiento al mundo mapuche, una convivencia más amable, pero maquilla también una realidad.

BO: Esto que dices es la gran metáfora de la obra, hacer visible lo omitido. Pero uno se queda en la impotencia, porque hay algo que no puede ser mostrado. En la impotencia de la visibilidad del universo cultural mapuche éste se hace visible. Tratar de que ese mapuche que no se ve, aparezca simbólicamente, en las máscaras y los apellidos. Este juego pretende ser poético, pero es irónico. Hoy en día el uso que se hace del imaginario mapuche, e indígena, en un nivel político, es un fetichismo superficial del cual el Estado usufructúa, ejemplos como la moneda de cien pesos en Chile que lleva un retrato de la machi, o el regalito que lleva el presidente cuando va en visita oficial a otro país, que generalmente tiene que ver con nuestros pueblos originarios, con su artesanía, todo este tipo de cosas. Hay una banalización cultural. Son estrategias de visibilización que mantienen al otro en la marginalidad, así lo veo yo. Este juego de ambigüedad está en Werkén, una imagen que debe ser completada.

CC: Tomando esto que dices, llevándolo a la carga simbólica de la obra en si, en términos culturales y de energía, entiendo que vas a mandar a hacer los kollones a unos artesanos mapuches, ¿De que manera vas a involucrar a la comunidad mapuche en la exposición?, ¿piensas que sería bueno ir acompañado por una comitiva mapuche?, que esos kollones estuvieran bendecidos por una machi les otorgaría una carga diferente, ¿Tienes contemplado este tipo de gestos para la instalación en Venecia?.

BO: Si, los kollones serán hechos por diferentes artesanos mapuche y me encantaría que pudiera viajar una comitiva conmigo, veremos si es posible. Hay algunas comunidades que van a hacer ceremonias para la entrega de las máscaras, eso va a suceder. Yo voy a aceptar todo lo que venga a nivel simbólico, en muchos casos algunas comunidades  van a trabajar en la creación de estas máscaras y de manera natural van a hacer los rituales pertinentes.

CC: Personalmente me parece fundamental. Estas máscaras son elementos, como tu dices teatrales, pero sobre todo rituales, tienen un uso actual, contemporáneo. Werkén va a Venecia en representación de Chile, pero sobretodo del pueblo mapuche, y esto no es algo menor. En una situación artística, y podemos llevarlo al terreno de discusión del aura de la obra de arte, estos objetos son tanto artísticos como rituales. Hemos discutido durante casi cien años si la obra de arte tiene o no tiene aura, pero ¿qué pasa cuando tu trabajas en el mundo del arte con objetos que pertenecen al mundo ritual?, ¿De que manera el arte contemporáneo se cruza con el universo ritual.? Es interesante imaginar  que existe un lugar donde confluyen estas dos energías. ¿Cómo un pueblo, con costumbres rituales reales, vigentes, es representado a través de un objeto como el kollón?,

BO: Pienso que ha habido dos casos en que la obra en si es casi una traslación de lo ritual al espacio de exposición. Aquí se está “inventando” un ritual de kollones, este es presentado en su funcionalidad. La escena que crea este conjunto de máscaras no va a ser algo a obviar, uno va a entrar en una suerte de ritual, de acción. El lugar, la sala, va a ir a un terreno un poco más ancestral, o más bien a un territorio no museal. Estos objetos, los kollones, no van a estar ahí  de una manera arqueológica.

CC: Werkén opera entonces como un “hacer aparecer” (Ticio habla de Lichtung) la verdad, pensando que nuestra historia nacional, y la de toda América Latina (post conquista) que se ha articulado siempre en el constante ocultamiento de la verdad de los personajes que la constituyen.

BO: La obra se define, como bien dice Ticio, en la aparición y el ocultamiento del sujeto mapuche. Es un asunto muy trascendente desde el contexto latinoamericano, por eso pienso que esta obra puede ser muy llamativa en Venecia, producto de la cercanía que tanto Ticio como yo tenemos con el mundo indígena, y al decir que latinoamérica es  un territorio que aun está bajo el yugo colonial, el mundo indígena está sometido, y es un tema tan complejo que el mundo del arte no suele abordar.

Vista de la instalación Werkén de Bernardo Oyarzún en la 57a Bienal de Venecia. Foto : Adrián Gutierrez Villanueva

 

CC: Yo creo que al menos en Chile, no existe un teórico más adecuado que Ticio para abordar este tema dentro del contexto del arte contemporáneo. En términos de conocimiento, de involucración con el mundo indígena, y comprensión de la complejidad que estos temas tienen al estar en contacto con el arte, sobre todo en el lugar del mainstream que es Venecia. Como investigadora siempre he sentido que entrar en el mundo indígena desde el arte contemporáneo requiere una inmersión bien profunda en toda una cosmovisión a la que no se puede acceder tan solo por libros, es necesario entrar en ese mundo ritual, en ese mundo místico, en el espacio de experiencia que hace puente al conocimiento, no tan solo de su observación antropológica. Y eso es algo que toma tiempo, hay que poner el cuerpo ahí, abrirse a otras relaciones. ¿Cuál es tu aproximación al mundo indígena desde tu trabajo, y como persona?.

BO: En ese sentido para mi entrar en el mundo indígena, acercarme al mundo indígena ha sido siempre un aprendizaje. Para mi el mundo indígena es una fuente de conocimiento. Los proyectos, cuando no tienen una funcionalidad práctica, un proceso de aprendizaje a mi no me interesan. Y mi contacto con el mundo mapuche, y también con el guaraní (en proyectos pasados), ha sido mediante experiencias de mucho aprendizaje. A mi me motiva mucho entrar en estos universos, y desde una cierta humildad, he logrado amistad con esas comunidades. Hoy para mi este es un mundo tan rico que me es difícil abandonarlo.

Recuerdo que una vez estando en Brasil, me dejaron solo en una aldea guaraní y la relación comenzó muy natural, poco a poco, cotidiana, como amigo. Yo nunca voy como investigador, lo que ocurre con eso es que pasas a ser parte de su vida, y eres incorporado poco a poco a sus costumbres. A mi con mi familia, nos invitaron a un “wiñol tripantü_ retorno del sol o el solsticio de invierno” que es como una ramada (fiesta) mapuche, lo cual es un honor porque es como su casa, o a machitunes( aquí tengo mis dudas por que haybarios tipode ceremonias y no siempre son machitunes), etc. Nos sentimos en casa, los niños juegan, la relación es cotidiana y espontánea. Otra historia es la primera vez que yo tomé contacto con la comunidad de Temucuicui, el Lonco o jefe (Víctor Queipul) e la comunidad hablaba y hablaba y hablaba…. En un momento le comento lo bueno que era él para hablar y me contesta “antes los antiguos podían estar días enteros hablando, y hablaban y hablaban hasta que quedaba todo finito”. Este tipo de cosas son propias del universo mapuche, rituales de la palabra, rituales de conversación. Hay una tradición en el mundo mapuche en el hablar, que se traduce también en los acuerdos o parlamentos a los que llegaron con los españoles para preservar las tierras. Con ellos, siempre la relación fue fluida en términos de acuerdos, fueron los chilenos – el Estado chileno- los que traicionaron esa palabra.

CC: Me parece muy interesante plantear que tu, teniendo una filiación mapuche, entres en ese universo desde la curiosidad, asumiendo lo que desconoces de ese universo y buscando poder acercarte para entender tu propio vínculo, tus raíces, esa herencia. Yo creo que a lo largo de tu obra hay un gran esfuerzo, siempre presente, por acercar las distancias, o hacer visibles los puntos de encuentro entre lo propio y lo ajeno, si me permites ponerlo en esos términos, aquello con lo que te identificas, y aquello con lo que te identifica el otro, lo que tu eres y lo que el otro cree que tu eres. ¿De que manera el tu obra negocia esos espacios?.

BO: Yo pienso que hoy hay una apertura del mundo occidental a entender y abrirse al conocimiento indígena. Creo que tiene que ver con los tiempos que estamos viviendo, con una cierta urgencia. De alguna manera mi obra, unas más que otras, está asumiendo la existencia de un conocimiento, de una relación con un universo y con la necesidad de sacar a la luz ese conocimiento y compartirlo. Como tu dices, Werkén es una obra que ha sorprendido al abordar estos temas, y a mi me parece una señal que haya sido escogida para representar a Chile, con la complejidad que implica asumir estos temas nacionalmente.

 

 

Mis agradecimientos a Bernardo Oyarzún por su tiempo y trabajo. Esta entrevista fue publicada en el número impreso de The Miami Rail, diciembre 2016. Las imágenes son cortesía del artista.